Necesitamos SANTOS. ¡El mundo lo necesita!

“Necesitamos SANTOS: hay que ser verdaderos santos. ¡El mundo lo necesita!” Así se expresaba el Padre Henri Roy en una carta del 20 de enero de 1962.

Desde los inicios del Instituto Secular Pío X, el Padre Roy tenía un solo deseo para los miembros consagrados y asociados de su Familia apostólica: que todos avancen por el camino de la santidad. En las primeras líneas de la Constitución, está claramente escrito que el Instituto Secular Pío X “tiene por finalidad general la santificación de sus miembros” (art. 1). Más aún, por la promesa de entrega al apostolado, los miembros resuelven “aspirar a la santidad, no sólo preocupándonos de nuestro progreso espiritual sino trabajando en la salvación y en la santificación de los demás” (art. 22).

Leyendo la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, me decía que hacía mucho tiempo que un pastor no nos recordaba la importancia de la santidad. No es nada; ¡es la meta de toda vida cristiana! Al leer este documento, me emocioné más de una vez, como si estas líneas volvían a encender un fuego en mi corazón. Y me acordé de las palabras de Catalina de Siena: “¡Si son lo deben ser, encenderán el mundo entero!” ¿No es este nuestro llamado más profundo?

El llamado a la santidad

El Papa Francisco recuerda en el primer capítulo que la santidad es un llamado para todos. Es “el rostro más bello de la Iglesia” (GE, 9). Aún partiendo de nuestro estado de pecadores, estamos llamados a avanzar paso a paso en este camino de la santidad. En los gestos más sencillos, en las noches más oscuras, con los personas más humildes, la santidad puede encontrarse en “la puerta de al lado” (GE, 7).

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” (GE, 14).

Leyendo estas líneas, nos damos cuenta que este llamado a la santidad es práctico. Toca la vida ordinaria y se realiza en lo concreto del diario vivir. Además, diríamos, casi que estas líneas fueron escritas para miembros de institutos seculares. Las diferentes nociones propuestas por el Papa Francisco son exactamente las que debe responder todo miembro viviendo la vida consagrada secular.

Pues “cada santo es una misión” (GE, 19). El proyecto de amor que el Padre quiere realizar en nuestra vida se inscribe en una historia – la nuestra – y se cumple cuando reproducimos los rasgos de Cristo en todo nuestro ser. Es entonces que lo que somos y lo que hacemos nos permite “renovar todo en Cristo”. Por lo tanto, “no es que la vida tenga una misión, sino que es misión” (GE, 27).

Dos sutiles enemigos de la santidad

El Papa Francisco presenta después dos falsificaciones de la santidad: el gnosticismo y el pelagianismo.

El gnosticismo es una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección (GE, 40).

Nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Puede insertarse en la vida dónde uno no lo espera… Podría ser en la vida de personas que uno cree “fuera de Dios” porque no corresponden a los “buenos criterios”… Podría ser en la acogida de un pensamiento diferente del nuestro… Dios se puede revelar por doquier. La santidad nos invita justamente a mantener el corazón abierto para evitar manifestar “un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles” como lo recordaba Juan Pablo II en Vita Consecrata al numeral 38. Ciertamente, una gran apertura a la misericordia nos abre a la verdadera sabiduría para discernir la santidad que despunta en cada persona.

Por su parte, el pelagianismo cree que es posible escoger el bien y vivir sin pecado, apelando solamente a nuestros esfuerzos personales. Todo, entonces, dependería de nosotros… Pero la santidad es ante todo cuestión de gracia; ¡todo es gracia! Imposible, por lo tanto, pensar que es a cuesta de esfuerzos y de voluntad que llegaremos a alcanzar la santidad.

“La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa” (GE, 52). Nuestra respuesta al llamado a la santidad es sencillamente colaborar a la gracia que Dios da. Porque sin su gracia, imposible avanzar por el camino de la santidad. Santa Teresita tiene razón cuando nos invita a presentarnos delante de Dios con las manos vacías… porque sin duda nos quiere dar mucho más en gracia de santidad que lo que nuestros pobres esfuerzos de voluntad podrían adquirir.

Las Bienaventuranzas, a la escuela del Maestro

           En el tercer capítulo, el Papa Francisco presenta brillantemente la enseñanza de Jesús sobre las bienaventuranzas. Con este “carnet de identidad” del cristiano, el Papa nos invita a hacer de las bienaventuranzas el estilo de vida de los santos del tercer milenio.

Esta bella meditación de cada una de las ocho bienaventuranzas nos pone de nuevo en el corazón del Evangelio. ¡La santidad es muchísimo más que una palabra! Se inserta en la vida diaria con actitudes y actos concretos: libertad interior, mansedumbre, compasión, justicia, perdón, vigilancia, discreción, acogida y solidaridad. “¡Esto es santidad!” (GE, 70) se vuelve un grito que toca el corazón.

Pero las bienaventuranzas no son solo un leitmotiv espiritual… son un compromiso para transformar el mundo. El Papa Francisco presenta el capítulo 25 del Evangelio de san Mateo para invitarnos a un compromiso real y concreto. Estas “exigencias” se vuelven “el corazón palpitante del Evangelio” (GE, 97). Presenta de manera más específica la situación de los migrantes y de los pobres, exhortando a toda persona de buena voluntad a comprometerse de manera concreta para aliviar el sufrimiento de nuestros hermanos más abandonados. “El cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el Evangelio en la vida cotidiana” (GE, 109).

Algunas notas de la santidad en el mundo actual

El Papa Francisco presenta después cinco grandes notas que manifiestan el amor hacia Dios y hacia el prójimo. La primera es el aguante, la paciencia y la mansedumbre. Uniendo estas tres palabras, el Papa nos invita a recibir una gracia de fuerza interior que lucha contra la violencia presente en nuestro mundo. Con demasiada frecuencia, la violencia no es solo exterior a nosotros por los grandes conflictos. Está allí, astuta, en lo más profundo de nuestro ser, lista a surgir en el momento menos esperado. Está allí, rodeándonos, en un mundo real y virtual, que influye en nosotros y nos empuja a reaccionar a todo. Está allí… y el remedio propuesto del aguante, la paciencia y la mansedumbre podría resumirse en una palabra: humildad.

La segunda nota de la santidad es la alegría y el sentido de humor. El Padre Roy repetía muchas veces esta frase de san Francisco de Sales: “Un santo triste es un triste santo.” El Papa, que muchos veces vemos sonriendo, riendo a carcajadas, capaz de contar un chiste, da testimonio por su vida de la alegría y del sentido de humor. La Palabra de Dios interpela constantemente los hombres y mujeres a esta profunda alegría.

Audacia y fervor es la tercera nota de la santidad propuesta por el Papa Francisco. “Ay de mí si no predico el Evangelio” proclama san Pablo en su primera carta a los Corintios (9, 16). Sin duda, cada uno de nosotros quisiéramos repetir estas palabras. Desgraciadamente, muchas veces, nuestra debilidad, nuestras incoherencias y nuestros miedos vencen en nosotros. Pero, ¡más grande aún es Jesucristo! Es Él quien da este fuerza interior, este fuego y celo apostólico para que la Buena Nueva sea proclamada con audacia y valentía. Es Él quien nos invita a ira a las periferias para encontrar allí el hermano herido y adolorido. “Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante, pidamos el valor apostólico de comunicar el Evangelio a los demás” (GE, 139).

La comunidad es la cuarta nota de la santidad, porque “la santificación es un camino comunitario” (GE, 141). La santidad se realiza en los pequeños detalles del vivir juntos. Jesús lo recuerda en el Evangelio: “Si se tienen amor los unos a los otros…” (Jn 13, 35). Y si seguimos parafraseando “… en esto conocerán todos que son mis santos.” Tal vez la comunidad se volvería entonces el lugar donde crece y se expresa la santidad.

“No creo en la santidad sin oración” ,escribe el Papa Francisco en el numeral 147 de Gaudete et Exsultate. Esta última nota de la santidad no es la menor. Es en el silencio de la oración que Dios viene a revelarnos el camino de la santidad. En esta contemplación, es Dios mismo que transforma nuestro corazón y nuestra vida para ser un poco más como Él, un poco más a su manera.

Combate, vigilancia y discernimiento

El texto de la exhortación termina con un último capítulo que recuerda que “la vida cristiana es un combate permanente” (GE,158). Porque la santidad no es una meta a alcanzar, ¡es un camino a recorrer! “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella” (GE, 163). Dios nos invita a ir siempre más allá en el amor y en la santidad.

Como buen Jesuita, el Papa Francisco recuerda la importancia del discernimiento como un “un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor” (GE, 169). El discernimiento nos revela los tiempos y las acciones de Dios en nuestra vida para poder ajustar nuestra respuesta por la escucha de Aquel que es el amor y la escucha de los demás. Muchas veces, es en lo ordinario de la vida que Dios se revela, en las cosas sencillas del diario vivir. En el examen del consciente, la gracia se nos dará para ser “una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos” (GE, 175).

En conclusión…

De manera bastante extraña, este texto no tiene una gran conclusión… apenas dos pequeños párrafos. Pero, tal vez hay en esto un mensaje: ¡la santidad nunca está acabada! El Papa Francisco nos había acostumbrado a terminar sus escritos con una oración; Gaudete et Exsultate es la excepción. “Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»” (GE, 176).

¡Está muy evidente que nuestro fundador, el Padre Henri Roy, hubiera acogido con gran alegría la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual! Que este nuevo documento resuene en el corazón de cada miembro y amigo del Instituto Secular Pío X como un llamado a redescubrir el deseo de la santidad.

Marcel Caron, ispx

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