Padre Henri Roy (1898 – 1965)

Fundador del Instituto Secular Pío X

El Padre Henri Roy llegó a muchas vidas, porque era un hombre habitado por un amor a Jesús, deseoso que toda su vida sea un anuncio de la Buena Nueva.

El testimonio que sigue está firmado por Thérèse y Henri Séguin y Jeanne y Julien White, dirigentes de la primera hora en la Juventud Obrera Católica en Montréal (Canadá). En estas líneas, se siente todo el impulso apostólico que legaba el Padre Roy a todos los que encontraba. Este testimonio fue publicado en la revista « Je Crois », en junio de 1985.

El Padre Roy estaba "obsesionado" con el deseo de llegar a ser santo, y ni siquiera podía entrever la posibilidad que los demás no lleguen a serlo también. Deseaba dar este deseo a los demás, especialmente a los pobres y a los jóvenes.

Había escogido trabajar con los jóvenes de la clase obrera. Habiendo aprendido a conocerlos, sabía que era posible encontrar entre ellos a jóvenes dispuestos a entregarse sin reserva para la salvación de sus hermanos. Había descubierto entre los jóvenes la posibilidad de poner sus talentos al servicio de sus hermanos y hermanas de la clase obrera.

Su manera de acercarse y establecer un contacto con ellos salía de lo común y corriente; sabía al echar una mirada a alguien descubrir y apreciar el valor escondido en lo profundo del alma, así el caparazón exterior no dejara prever nada que valiera. A partir del primer encuentro con él, uno tenía la impresión de ser transparente como un vidrio recién lavado, tanto hacía desplegar frente a uno la película de su vida como si lo hubiese visto nacer.

¡Sabía, sin embargo, ser tan convincente y entusiasta que uno salía de este encuentro libre como un pájaro, enriquecido de un amor desbordante por Jesús y de una confianza sin límites en sí mismo y hacia todo el universo!

¡Sin que uno se diera cuenta, el Padre Roy acababa de darle una orientación que marcaría toda la vida!

A partir del segundo encuentro, era "el envío en misión" dirigiéndose a sus hermanos y hermanas en su entorno. Había vislumbrado en la persona talentos que uno mismo ignoraba y quería hacer todo para que fructificaran. Es así que el Padre Roy confiaba tareas a la persona que ella nunca hubiera imaginado, pero que él sabía poner a su alcance porque las iba a realizar "en equipo" con Jesús.

El Padre Roy, quien nos había formado a su ideal, exigía de nosotros el máximo, y lo dábamos con gusto porque nos tenía total confianza; por otra parte, lo que exigía a los demás, ya lo habían dado él mismo… y aún más.

Era innovador en muchos aspectos y, con razón, decíamos de él que "iba 20 años delante del tiempo"; ¡pudiéramos decir 40, hasta 50 años y hubiera sido igual de cierto!

Gracias a él, Canadá conoció la Acción católica especializada y aprovechó abundantemente de las repercusiones apostólicas de la Juventud Obrera Católica, la Juventud Agrícola Católica, la Juventud Estudiantil Católica, la Liga Obrera Católica, etc. Igual si la mayoría de estos movimientos, de antaño tan dinámicos, no ofrecen en estos días la misma imagen, quedan signos evidentes en los que fueron verdaderamente comprometidos a este nivel. Como prueba, un sacerdote recientemente entrevistado por una antigua dirigente jocista reconocía delante de ella: "Cuando una acción apostólica se hace hoy, descubro detrás de ella, un antiguo miembro de la Acción católica…"

Demos gracias al Señor cada día por haber puesto al Padre Roy en nuestro camino; permanece y permanecerá siempre en nuestros corazones:

• un sacerdote, verdadero sacerdote, todo sacerdote;

• un loco por Jesús, gran orante, cuya Eucaristía que celebraba nos transportaba al cielo;

• un sacerdote cuyo primera y constante inquietud era la salvación de las almas para "poblar el cielo hasta romperlo";

• un entrenador, un vanguardista, un trabajador incansable, y un gran, gran, gran amigo de los jóvenes, especialmente de los más pobres.

Acerca de ...

Una familia espiritual católico reconocido con una misión enraizada firmemente en las necesidades del mundo de hoy y la nueva evangelización. 

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