En Guatemala, el 11 de enero pasado, el Instituto Secular Pío X recibió el regalo de dos nuevos miembros consagrados laicos. Tomás López y Aníbal Rustrián pronunciaron su primer compromiso dentro de nuestra Familia apostólica en una celebración concurrida que tuvo lugar en la Rectoría San José. Tomás conoció el Instituto a los 14 años y, durante más de ocho años, caminó con nosotros preparándose para este compromiso. Es agricultor, miembro de un pueblo originario de Guatemala y un líder reconocido en su comunidad. Aníbal, por su parte, tiene 42 años; es artista y florista. Actualmente, labora en una parroquia. Además, en su parroquia natal de San José Pinula, participa en el comedor comunitario que atiende a personas en situación de calle.
Pero los frutos de la pastoral vocacional se ve también en otros países. El 8 de enero, en Colombia, Eduardo Ribón renovó por un tercer año su compromiso como laico consagrado. Eduardo es educador y autor, vive en Cartagena. Felicidades a Tomás, Aníbal y Eduardo por su sí fiel y generoso.
También el grupo de miembros asociados sigue renovándose. En Colombia y Guatemala, dos mujeres solteras asociadas pronunciaron su compromiso. En Colombia, Angélica Fernández lo renovó por tercer año consecutivo el 27 de diciembre de 2025, mientras que en Guatemala, Maricruz Chávez realizó su primer compromiso el 11 de enero del año en curso. Ambas trabajan como profesoras en el ámbito de la primera infancia.
El compromiso de estos nuevos miembros nos interpela a todos. San Pablo nos exhorta con fuerza: “Les ruego, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcan su propia vida —su persona entera— como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios: este es el verdadero culto que deben ofrecer” (Rm 12,1). Por el bautismo hemos sido sumergidos en la muerte y resurrección de Cristo; ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. Nuestra consagración secular, que se expresa en el don total, es una profundización de esta gracia bautismal: una ofrenda cotidiana de toda nuestra vida, allí donde somos enviados.
La experiencia vivida en Colombia y Guatemala confirma que la pastoral vocacional del ISPX nace del encuentro, se fortalece en el acompañamiento y florece allí donde la vida cotidiana se deja tocar por el Evangelio.